Dominar el arte del diálogo es lo que realmente da vida a una historia; por eso, hoy compartimos estos consejos clave para que tus personajes dejen de sonar como tú y empiecen a tener voz propia.
El diálogo no es solo palabras; es cómo se habla: acento, ritmo, vocabulario e interrupciones. Refleja educación, origen y emociones.
Lee en voz alta lo que escribes. Si suena igual a ti, cámbialo. ¿Cómo debería sonar el personaje? ¿Habla rápido y corto o lento y poético?
Ejemplo: —Mira, carnal, yo no soy de los que se andan con rodeos —dijo Pedro, arrastrando las palabras con ese acento del barrio que nunca había perdido, aunque ahora viviera en un piso de lujo—. Pero tú, con tus corbatas y tus «proyectos», me estás jodiendo la vida. ¿Entiendes o te lo repito en inglés?
“La misma idea, 3 voces distintas” Elige una frase simple y neutra que cualquier personaje podría decir. Ejemplo: «No me gusta este plan, es demasiado arriesgado».
Escribe exactamente 3 versiones de esa misma frase, cada una dicha por un personaje diferente. Cada versión debe ser una sola línea de diálogo (máximo 1–2 oraciones). Cambia solo el cómo se dice: acento, ritmo, vocabulario, emoción o muletillas. No agregues acotaciones largas ni narración.
Ejemplos:
- Versión 1: —¡No, wey, ni madres! Este pedo está bien cabrón, nos vamos a cagar si seguimos así…
- Versión 2: —No apruebo este enfoque. El nivel de riesgo excede los parámetros aceptables. Punto.
- Versión 3: —Ay, mijo… este plan no me cuadra nada. Es jugársela demasiado, y uno ya no tiene años pa’ equivocarse.
Esperamos que estos ejercicios te ayuden a encontrar la identidad de tus protagonistas; ¡atrévete a experimentar con sus voces y cuéntanos cuál fue tu versión favorita!