¡Nos volvemos a encontrar! Después de unas semanas de ausencia regreso a esta guarida de
letras. Volver a las letras siempre será una buena medicina. Hace unos días tuve la oportunidad de convivir con otros clubes de lectura. Escuchar otras formas de mediar la lectura me hizo recordar algo importante: la elección de el primer libro.
Elegir el primer libro de un club de lectura es como lanzar un mensaje en una botella al mar. No sabes quién lo va a encontrar, quién responderá al llamado, ni qué historia personal llegará a ese encuentro.
Cuando inicié mi primer círculo de lectura elegí un libro que me había impactado profundamente: Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor. Pensé que si el libro me gustaba tanto, sería más sencillo guiar la conversación. Al llamado acudieron seis personas. Ninguna —incluyéndome— había participado antes en un círculo de lectura. Todo iba bien hasta que llegó el momento de escuchar opiniones.
Entonces alguien dijo con total sinceridad:
“A mí no me está gustando. No es innovador y escribe muy mal”.
Aquella frase me tomó completamente por sorpresa. Yo no entendía cómo podía no gustarle. Pero después explicó algo más: su familia había vivido violencia relacionada con el crimen organizado. Nadie podía contarle cómo era ese mundo; ella lo había vivido.
En ese momento entendí algo fundamental: los libros no llegan a lectores vacíos. Cada persona llega con su historia. Con el tiempo he descubierto que los círculos de lectura también son eso: lugares donde, a
través de los libros, aparecen historias increíbles… y a veces también dolorosas.